Alma Costurera (poema a la madre)



Coser no es otra cosa que unir cortes.

Alma Costurera

Entre hilos, satínes y bordados

Tus manos maestras
Tus manos en cortes alados

agújas de espadas
batallas libradas

artesana de la alegría
diestros pinchazos

Tus suaves caricias
Tus románticos abrazos

naciste flor en un taller
de calle en frontera

entre máquinas de coser
entre vendedores e hiladores
vino de amor

Acompañada de Moiras
Cloto, Laquesis y Atropo

hiciste un traje
nacido del placer

hecha la vida y el abrigo
intemperie de sueños
rodean, rodean, Tu cesar

Diste color y tamaño a la tela
que cubre alocados pensamientos

absorto por lo venidero y lo ido

arenas calcáreas
tribuladas por erosión de años

manantiales regados
que lavan el polvo
que posa en Tu bien dado

camino de vanidad
que cubre el arte perfecto

biología de la confección
costurera auténtica

hilos sublimes
textura, detalles genéticos
partes en todo bien

contagio de corazón
tela, moldeada, 
tela cortada y cosida

sólido que forma mi vida
bien acogido

cofre de pensamientos,
cofre de sentimientos y deseos

todos, todos, abiertos por
mi costurera del alma


Hace más de cuatro años que mi costurera del alma entró en ese misterioso mundo, que poetas llaman Tuonela, Mictlán, o el Hades, y que yo simplemente nombro como el orbe. Ese lugar donde las constelaciones se re-crean sin fín en múltiple sinfonías entre lo muy grande y lo muy pequeño, entre mi universo y el cosmos. En su funeral estuve seguro que a ella le habría gustado vernos en una fiesta y no en la despedida de su cuerpo. No porque quisiera evadir o desconociera lo irremediable de la muerte, sino porque amaba ver a la gente feliz, amaba tanto que la entristecía esa sentencia  que dice "no por amar tanto, hace que el ser amado permanezca a nuestro lado." Su amor a la vida no fue suficiente  para que la vida permaneciera, la vida humana la dejó, pero no su amor que aún sigue aquí con nosotros.

No solo amaba bailar o bochinchear, como solía decir para referirse a la parranda, sino que tambien amaba caminar. Caminó tanto en la vida, en sentido real y figurado, que podríamos ir de Toronto a Cúcuta y regresar y aún no habríamos recorrido todo lo que ella anduvo en la vida. Ella nunca tuvo su propio vehículo, no sintió la necesidad de tener uno a pesar que era una execelente conductora. Prefirió mas  la aventura de ir caminando de un lado a otro. Esta acción era más que desplazarse de un punto a otro, era para ella una manera de llegar a los otros que no necesariamente estaban al final del camino sino en el caminar. Mi madre no fue una ambientalísta pero tenía la convicción que mantener la escala nos hace mas humanos en nuestras relaciones.

Cuando mi madre abrió la Academia de Corte y Confección en la calle 7, abrió una ventana para muchas mujeres que con un oficio diferente al de ama de casa, pudieron tener acceso a mas oportunidades. La llamó Academia Gabby y le puso su nombre no por vanidad personal sino porque quería que fuera asociada con una persona convencida de lo importante que es para la mujer la independencia económica y el ser reconocida. Mi madre era muy orgullosa de su oficio de costurera, pues la recuerdo decir que lo mas importante en la confección era el corte y el trazado, pues un buen corte es el que deja el menor desperdicio posible. Hacer más con menos es el arte de la confección y para ella era tambien el arte de la vida.

 Ahora que ha partido al orbe, como le llamo yo, ahora que esta Vida que amaba tanto no esta con ella, aún se siente aquí, porque así lo siento ahora, su amor entre nosotros, en todos aquellos que vivieron al lado de ella. Por que el amor es energía contenida o liberada para otros y ella nos surtió en abundancia.

Ahora con seguridad puedo decir que su amor era sin límites y por siempre. Cada dia que transcurre en mi condicion de huerfano de madre, con un sentimiento que como filosofo llamo condicion de presencia-ausencia  y que ya habia surgido anteriormente cuando mi tio Pedro se marcho al orbe en una manana bogotana del barrio Palermo en una habitacion anonima de una clinica del lugar o cuando mi abuela Ana, poderosa mujer de mi vida me miro por ultima vez antes de salir para el Cabo de la Vela con una mirada de amor y de incertidumbre presagiando su partida, o cuando mis tias Elsa y Luisa amantes de su hogar del cual nunca salieron sino hasta ultimo dia de sus vidas.

A ella siempre la he tenido en mi corazon y pensamiento. Aunque no tuve la suerte de estar a su lado por mucho tiempo trajinando las cosas simples de la vida y que ella tanto amaba, pues salimos de nuestra cuna muy temprano, ella hacia el norte y yo hacia el sur. Salimos, que en una ciudad de frontera no es salir sino navegar pues los limites nacionales son vanos, superfluos y carentes de sentido. Esto marco nuestra separacion fisica y que solo nuestro amor ha podido mantener unida. Ella marcho primero para Caracas, ciudad que era atractiva, moderna y amable, que invitaba a cientos de inmigrantes de la europa latina, de la america caribena y de la sonada Gran Colombia a asentarse y hacer fortuna. Yo hacia Bogota, una fria ciudad, beata y liberal donde llovia melancolia y alegria dependiendo de donde estuvieras. Una ciudad fria que era calentada con los hornos universitarios y de una importante cultura humanistica moderna. Los dos empesamos a deambular, ella enriqueciendo ese localismo sin limites que para los que creen en la globalizacion es imposible, y yo enriqueciendo mi sentido de la aventura y lo inesperado, que los racionalistas buscan evitar con su conocimiento seguro y verdadero. Asi nos fuimos separando, ella embebiendose entre la calles de Sabana Grande, Chacaito, Chacao, El Silencio y la avenida de los Libertadores caminando con el sentido de mirar y encantarse con la vida  sintiendo en su pasar y yo por otro lado entre los mullidos sweaters de lana, en la calle 45, el Recuerdo, Teusaquillo, y la Candelaria moviendome entre los coloquios y conversaciones de mis nuevos amigos y pensadores ausentes.

Antes de esta separacion entre este spacio del norte y del sur hubo momentos en nuetras vidas en que nos encontrabamos y ella con su magia atrajo las aventuras en nuestros viajes a Caracas en esos buses amortiguados con tecnolgia americana, aire acondicionado como eran de los Expresos Alianza con ventanas continuas polarizadas y asientos reclinables que paraban en majestuasas estaciones de abastecimiento que eran mini ciudades con supermercados, restaurantes y maquinitas de juegos. Odiseas que enriquecieron nuestra imaginacion de niños. Su emigrar altero nuestro horizonte barrial enmarcado entre callejuelas, plazoletas de palomas y patios traseros. Siendo muy pequenos nos abrimos a la ciudad moderna que la nueva industria del petroleo habia generado con vehiculos de Ford y Chevrolet circulando, devorando energia a velocidades nunca antes sentidas por ser humano a traves de autopistas que no tenian fin y que se entrecruzaban como serpientes negras en continua digestion de buses, automoviles y camiones moviendo personas y bienes en una actividad incesante.

Con ella descubri la inmensidad del mar desde la orilla de Maiquetia y de Macuto donde corrimos como cangrejos para sambullirmos en esas aguas templadas y saladas con un maravilloso sonido que apaciguaba los temperamentos mas alterados y que llenaba de energia a los mas sumisos. Desde  esas orillas nos sentimos como viajeros en el universo pues mi mirada ya no tenia fin. Para llegar alli atravesamos tuneles ocultos entre las montañas y sus entrañas de los ultimos estertores de la cordillera oriental que moria en esa geografia que ahora me apasionaba. Alli volvimos muchas veces como si qusieramos encontrar sus secretos en sus arenas. En una tarde mientras caia el crepusculo nos tomo de la mano y empezo a caminar rapidademente buscando un refugio alejados del restaurante donde comiamos. Alli nos mantuvimos por mas de una hora, su corazon latia mas rapido y sus respiracion era entrecortada, pero aun asi trataba de calmarnos con sus respuestas a esas preguntas de niños ofuscados por la amenaza de lo misterioso. Esa noche entendi que aun lo ilimitado esta sujeto a la orilla de los poderes politicos. Mi madre en ese momento estaba indocumentada y la PTJ habia surcado el area buscando inmigrantes ilegales. Alli ocultos miramos otro universo tan comun para miles de seres humanos que tratan de encontrar un mar benevolo que les ayude en la travesia de las injusticias proliferadas en su lugar de origen.     







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