Ahora Todos Sospechan De Mi (serie de siete cuentos de amor de don Quijote)
Ahora Todos Sospechan De Mi
Dedicado a Marcela tan bella
como la Naturaleza
Por: SATOS 15-16
Como en esos días al terminar la reunión con los estudiantes, y que algunos llamaban clase, con paso lento me encamine al parqueadero a tomar mi vehículo, un Fiat Spazio 147 rojo del año 93 con setenta y cuatro mil kilómetros. Abrí la puerta del pequeño habitáculo y me senté. Allí en ese mini espacio de mi soledad inesperadamente apareció ella emergiendo con la caída del atardecer, como cuadro de Chagall cuyo marco era la ventana del vehículo conteniendo una mujer sutil de belleza misteriosa que sin preámbulos me preguntó por la venta del auto.
Iban a ser las seis de la tarde, el calor sofocante del día había aminorado y una suave brisa corría entre los arboles del parqueadero.
Una semana antes había viajado con mi amigo Anuar Melo a mirar vehículos americanos nuevos en un concesionario del país vecino. Íbamos a mirar autos pero terminó comprándose uno con un motor como para jalar elefantes sentados. En la transacción, me comprometí a comprarle su vehículo usado por el mismo precio ofrecido por el concesionario, situación que condicionaba la venta del mío.
Por eso me dió por preguntarle, si era amiga de Anuar pues asumí que era el quien la había enviado. Ella, que había emergido de no se donde, me contestó moviendo la cabeza de arriba a bajo. Y prosiguió:
-puedo sentarme al otro lado del conductor?
-yo le dije que me disculpara por no haberlo sugerido antes,
- la verdad es que usted me ha sorprendido, pues una mujer nunca se aproximaría a hablar con un desconocido en medio de un parqueadero y mucho menos si esta anocheciendo.
-esta bien, los hombres tienen muchos mitos, dijo ella.
Caminó hacia el frente y con el dedo índice de su mano derecha surcó la silueta de la parte delantera del vehículo con una sensualidad única y magica. Su caminar era pausado y elegante, vestía un "blue jean" de alta costura, ajustado, correa de cuero virgen y hebilla sin adornos. Usaba una blusa de chiffon con manga corta y cuello francés y una bufanda de ceda finamente diseñada que rodeaba su hermoso cuello y caía sobre unos senos pequeños pero altivos. Los accesorios hacían una combinación sutil y armoniosa aunque sus pulseras y anillos eran hechos de cuero pintado adornado con metales y dijes diseñados por hippies callejeros, su bolso de bandolera era de cuero "jet set" y con cadena tipo Michale Kors; claro que mas tarde ella me corregiría diciéndome que era como el de Jackie de Gucci con borlas de cuero de piel de becerro de la Nueva Zelanda y detalles de bambú.
Ese ser abrió la puerta del pasajero y se sentó. Extendió su mano para presentarse.
Yo estaba tan absorto de su belleza, que no oí su nombre. Pero si note que sus manos eran gruesas, hecho que contrastaba con la silueta de su cuerpo estilizado, era como si fuera la versión femenina del David de Miguel Ángel.
-cuanto pide por el vehículo?
-no lo se? exclame.
-es que no esta en venta? preguntó.
-no, pero si usted vino porque Anuar le habló de mi, sabrá que debo ponerlo en venta.
-Ah si, murmuro ella. Entonces cuanto pide?
-no lo se, volví a contestar. Nunca compro cosas por moda o pensando en venderlas, simplemente las adquiero porque me gustan y las necesito. Soy un pésimo comerciante a pesar que vivo en una ciudad de frontera llena de vitrinas.
Esto sonara un poco cursi, pero este vehículo fue mi primera propiedad, mi espacio privado. Mis únicas posesiones anteriores de valor habían sido un radio despertador con forma de cubo y de color metálico que me había regalado un profesor de bioquímica de la UNET, y que corría la maratón de New York. También me acompañaba una cadena de oro con símbolos cristianos y una cámara Pentax Reflex K1000 de 35 mm regalados por mi madre. Y sobre todo, muchos libros que había ido adquiriendo y guardando en cajas de frutas chilenas que me servían de biblioteca y al mismo tiempo como empaque en mis mudanzas que fueron muchas mientras fuí un estudiante. Así, que el único objeto de valor de cambio que había comprado realmente era este Fiat rojo y que no sabia si quería venderlo.
-si es un valor sentimental, entonces no lo ponga en venta y yo me marcho.
-no, espere, le tome el brazo antes de que abandonara el vehículo. Esta bien se lo vendo. Cuanto ofrece por el? quiere verle el motor? la carrocería como el interior están en buenas condiciones.
-si, ya lo se ahora, no necesito verlo en detalle me vasta con conocer a su dueño.
En ese momento se acerco uno de mis estudiantes a la ventanilla, se agachó y observó a mi acompañante, y exclamó un sonido de admiración, profesor... wow!
-no es lo que usted piensa, le dije.
-en que te puedo ayudar, interpele.
-profe, para cuando es el ensayo? el preguntó.
-para cuando usted quiera, respondí, eso si, debe ser entregado antes de que se termine el semestre. Recuerda que tu reflexión es acerca de la obra de Gordon Wasson "El Camino A Eleusis" y la noción de realidad en la que nos sumergimos a veces sin retorno.
Esto mismo les decía a todos ellos sin saber que los que primero entregaban, tenian mas oportunidades de corregirlo y en el ejercicio de ser reelaborados iva emergiendo la nota final. Esto les aseguraba por lo menos el mínimo para pasar. Además esos ensayos esplendidos de ultima hora les ponía mi ojo critico pues me eran muy sospechosos y por lo general eran los que se quedaban. Un día intrigado un estudiante se me acercó a preguntarme por que los trabajos reelaborados obtenían las mejores calificaciones, y yo le dije que un buen ensayo nunca es perfecto, siempre genera discusión, por eso se llaman ensayos.
No se porque termine contándole esto a ella.
-que pena por hablar de cosas personales, volvamos al negocio, cuanto me ofrece por el carro?
-esta bien hablar de cosas personales. Yo también puedo contarle que su carro es un vehículo que la firma italiana fabricó entre 1976 y el 1997 para ciertos países emergentes como Venezuela y otros países suramericanos. Tiene un motor delantero transversal de 1300 c.c. y su carrocería es compacta. Se esto porque mi padre, un inmigrante italiano que había hecho una fortuna vendiendo carros italianos, me lo regalo y fue también mi primera posesión de valor. Era una adolescente en ese entonces, que a diferencia de mis amigas mi sueno no era un principe azul, sino vivir sola en medio de la naturaleza, arropada por la verde exuberancia de su vegetacion y el infinito cielo azul. Asi fue naciendo mi pasion por los parques de reserva natural, que en Venezuela son muchos. Pase parte de mis vacaciones en ese entonces embebida en estos parajes naturales y el Fiat Spazio rojo como el suyo me había llevado a todos ellos. Un día mi padre, preocupado por mi soledad, me presentó a un joven de la sociedad caraqueña, inteligente y muy bien parecido. El empezó a llamarme y a visitarme, pero yo no sentía nada por el. Un día regresó de sus estudios en el exterior y fue a mi casa a pedir mi mano. Mi padre le respondió: "es ella la que debe decidir", y el jóven asi lo hizo: quieres casarte conmigo? hice un silencio y al final me pronuncie con un NO rotundo y fuera de toda duda. Un No que llevo al colapso de su vida pues mi enamorado una semana mas tarde en una mañana de lluvia se pego un tiro en la cabeza dejando unos poemas para mi, unos cantos de adoración, que hoy no consigo entender, pues como alguien lleno de amor puede prescindir de su vida destrozándose el cerebro en la fracción de un segundo.
-...pero sin amor para que la vida? yo agregue.
-...ella guardo silencio.
Ella introdujo sus manos de David en su bolso de bandolera de cuero y extrajo un "cassette" y agrego:
-al llegar al Banco de La República y su área cultural, vi el vehículo cruzar hacia el parqueadero de la universidad. Lo seguí y me di cuenta que entrabas a un salón de clase. Pregunte por la hora de salida, en dos horas me respondieron. Entonces, regrese al Banco y camine al interior del museo, baje a buscar la sala de música donde estaba programada una versión de la Traviata de Giuseppe Verdi cantada por María Callas.
-Yo oigo operas desde niña, continuo ella, y las disfruto profundamente. Fue así que hice el tiempo entre la exhibición pictográfica y la versión operática. Salí del auditorio pensando que usted ya se había marchado, pero afortunadamente pude ver el vehículo y usted acabando de entrar en el.
Me señaló el "casete" y me pregunto que si podía ponerlo en el radiocasetera del carro. Yo le dije que si. Empezó a sonar la música, pero no era operática, era de un cantante argentino popular de los 70's llamado Sandro. No pude entender como fue del mundo operático a la balada triste y melosa de Sandro, ahí entendí que los dos vivimos en lugares diferentes pero en un mismo tiempo de nuestra juventud.
Nos quedamos en silencio, la noche empezó a caer. Nos miramos a los ojos y empezamos a cantar las estrofas populares del cantante suramericano con apariencia de Elvis Presley con voz de tenor y ritmo de cadera que enloquecía a las mujeres.
Fue en ese momento cuando sus labios se acercaron a los míos y yo sentí esa pasión del primer beso de aquella mujer que en una vez me ensenó a besar por siempre. Nuestra respiración empezó a agitarse y nos embebimos en un abrazo húmedo y fulgurante, en donde nuestras lenguas como tentáculos hablaban el lenguaje mas perfecto del mundo, el lenguaje de dos cuerpos ligados en un discurso infinito de emociones.
En ese preciso momento Sandro dejó de cantar, y los dos dejamos de besarnos. Sentimos un rubor de jóvenes inocentes que se abrían al amor, caímos en cuenta que estábamos en medio de la noche y en medio de un parqueadero.
-puedo manejar el carro? ella preguntó.
-yo le dije, que lo hiciera.
Nos cambiamos de posición, ella tomó el volante, prendió el motor puso la caja de cambios en primera y arrancó el vehículo. Entró a la autopista, una vía de la ciudad en diagonal. Ella conducía como si siempre lo hubiese hecho en mi vehículo. Arribamos a la autopista internacional en dirección a Venezuela, cuando después de cierto tiempo inesperadamente volteó en una de las salidas que conducía al unico autocine de la ciudad. La película había empezado, ella se estacionó alejada de los otros vehiculos. No había muchos asistentes pero aun así la película corría. Ella se pasó a los puestos de atrás y se quedó mirándome.
_ven, exclamó, con una voz dulce y erótica. Me dió un pequeño libro que abrigaba en su bolso que hablaba sobre el deseo y la felicidad, sentado atrás lo abrí y encontré unos condones.
-sabes usarlos?
-no se, claro, exclame riéndome con ella.
Volvimos a ese beso que habíamos dejado atrás, sólo que ahora nuestro discurso avanzaba a todas las partes del cuerpo, sentí su piel tersa entre mis manos, su caballera con un aroma de arboles y su fragancia natural llenaba el pequeño carro con un delirio mudo pero intenso. Los latidos de nuestro corazones aumentaron al igual que mi erección, tome el primer condón, los dos empezamos a sudar agitados en una danza erótica que fue aumentando su furor. El carro se movía con nosotros como si quisiera acunarnos en nuestros deseos. Su belleza iba mas allá de cualquier versión estética, ella emergió con las artes eróticas orientales, una sinfonía de posiciones, succiones, gemidos sensuales y sus labios se movían como dedos por todo mi cuerpo, todo una rapsodia de alta sensibilidad y profundamente sublime en un espacio pequeño pero con un universo emocional humano enorme.
No se cuanto tiempo transcurrió, pero nuestro frenesí llego a su final. Mientras trabajosamente nos vestíamos, ella se acercó a mi oído y me susurró,
-los dedos de tus pies son bellos, lo dijo en una voz profunda y suave
-y alcance tu punto G?, igualmente yo insinué riéndonos.
y nos besarnos de nuevo.
Es hora de salir, volvimos a los puestos delanteros, encendió el motor y salimos de nuevo a la autopista, manejó por un rato y mientras íbamos en silencio ella se a orilló, detuvo el vehículo y me dijo:
-le compro el carro, y me entregó un sobre con dinero en efectivo.
-no los vas a contar?, no, le dije, me basta con conocer al comprador. Cualquier cosa que me hubiese ofrecido yo la habría aceptado.
con el sobre en mi mano, me pidió amablemente que me bajara de su carro.
-estamos en medio de la autopista, exclame.
-no me puede dejar al menos, en un sitio poblado?
-no, no puedo. Yo me baje y ella empezó a mover el carro.
-yo corrí, sin dejar de observarla, es que ese ``No`` se parece al que le diste al pobre poeta que te dejó los poemas?
-ella frenó en seco, introdujo su mano en el bolso de bandolera de cuero y sacó un revolver calibre 38 de cañón corto, apuntó directamente a mi corazón. Su mirada seguía siendo sensual, y abrió fuego; un fogonazo que sentí en mi cuerpo y yo me desplomé.
Cuando volví en sí, ella estaba aun allí. Yo me toque el cuerpo y noté una pequeña herida en mi antebrazo izquierdo.
- suba al vehículo ordenó, su voz había cambiado y su fragancia también, olía a sudor y a desdén.
Me levante y empecé a caminar.
Ella casi al unísono tomó su cartera se bajo del vehículo y me obligó a conducir, dándome una orden perentoria,
-conduzca mi carro y no te atrevas a tocarme porque la próxima no voy a dudar en dar en el blanco.
Era ella la misma de horas antes? pensaba, mis miedos eran caóticos porque se mezclaban con mi experiencia erótica que ahora amenazaba mi vida, ahora entiendo lo de sus manos gruesas y el revolver que empuñaba sutilmente sobre sus piernas, muy cerca al centro de lo que fue mi pasión, esas ahora eran acordes a mis miedos pero aun sus ojos eran brillantes y sensuales como sus labios mientras hablaba, yo empecé a conducir.
-manténgase en dirección a Peracal, una alcabala fronteriza, vamos a cruzar la frontera, dijo en repetidas ocasiones hasta que llegamos a la alcabala donde un guardia fronterizo se aproximó,
-sus documentos? preguntó
-no se preocupe comandante, yo soy funcionaria de la embajada Venezolana y el es mi acompañante. Ella extendió un documento oficial, que el guardia observó y devolvió con una sonrisa coqueta mientras se afinaba su bigote grueso pero bien acicalado.
-continúe en dirección a Rubio, ella me ordenó.
La madrugada se mezclaba con el amanecer de una luz que poco a poco iba llenando las formas vivas de la exuberante naturaleza que cubría la montaña y los reflejos de una vía asfaltada humedecida por un rocío matutino. Nuestro recorrido fue hecho entre nuestro silencio, mis pensamientos y mis temores por la incertidumbre de los hechos pasados y los del porvenir. Yo ya no me atrevía a mirarla, no sabia si dormía o mantenía sus ojos sensuales sobre mis movimientos en el volante. Poco a poco empezó a surgir la idea de sublevarme en el momento en que se presentara la oportunidad.
-estas pensando en liberarte? crees que será fácil doblegarme? piensas que voy a sucumbir al sueño y al cansancio? crees que por ser mujer podría ser vulnerable? si estas pensando cualquiera de estas ideas sepas que al menor intento podrías pagarlo con tu vida.
-como puedo tenerte miedo si mi inspiras una pasión que aun no he podido diluir con tus amenazas y tu acción en la autopista.
-no te ufanes de ser valiente, por que el miedo esta en nosotros como reacción natural involuntaria ante la fragilidad de la vida y que se hace mayor cuando alguien la amenaza con un arma como la que tengo en mis manos, dispuesta a usarla si me toca.
Nos detuvimos en una casa pequeña con garaje en las afueras de un poblado de cultivadores de fresas. El clina era frio, so se cuantos metros sobre el nivel del mar habíamos ascendido pero el ambiente era creado por una sutil neblina que lo llenaba todo. Ella me dio una ruana campesina y un sombrero con unas botas de fandango. Ella se puso un suéter y una bufanda de lana virgen, su blue jean, botas impermeables y su bolso de bandolera que no lo abandonaba.
Empezamos a caminar atravesando unos potreros vacíos, poco a poco fue apareciendo la empinada superficie, el rocío de la noche se había mezclado con la arcilla y el barro que cubría la topografía misteriosamente vestida con arbustos de clima templado. Mi ascenso vigilado por ella me seguía como sombra, su respiración era armónica y sistemática, mientras la mía se iba volviendo cada vez entrecortada por las bocanadas de aire que inhalaba por la boca y mis fosas nasales y la saliva que pasaba por mi garganta. Sentía que iba a colapsar cuando vimos a lo lejos un par de bestias amarradas a una cerca, una cargada con pertrechos y la otra con una montura. Yo me monte como pude y ella siguió a mi lado con las amarras para continuar el ascenso. Ese goce de tenerla a cerca en ese lugar atrajo de nuevo mi deseo a pesar que ahora era mi vigilante. Su silencio era perturbador pero no su respiración que aun la sentía jovial y erótica.
La vegetación había cambiado, ahora los arboles altos cubrían nuestro sendero entre mezclado con helechos, empezábamos a oír el canto de las aves y de las ranas, a lo lejos se sentía el murmullo de la corriente de agua cayendo. Nos detuvimos en un paraje con una parte cubierta de grama y arbustos en una elevación que nos permitía visualizar a lo lejos la inmensidad del bosque de clima frio. Allí arme la carpa, al terminar me hizo entrar en ella con unas mantas, unas provisiones y una estera para dormir. La noche empezó a caer y yo trataba de adivinar cual podría ser su próximo movimiento.
La noche fue cayendo como mi conciencia que paulatinamente fue perdiendo su estado de alerta debido a mi cansancio de horas de camino. Ignoraba las horas y el tiempo que esto tomó pero esa caída fue dándose en medio de sobresaltos de terror y amor entre esa mezcla de alegría y dolor. Mis miedos alcanzaban esa zozobra de los hombres en la edad media europea que ante vaticinios divinos la realidad emergia en esa realidad relatada por ellos. Lo único que atisbo a recordar era el sonido incansable de las luciernagas que brillaban como lucernas de la naturaleza en medio de la noche.
Empecé a soñar esa pesadilla:
-``Recoja el sobre`` ella ordenaba. A pesar de la noche noté el sobre blanco en el suelo árido y arcilloso con piedras y matorrales.
-Ábralo.. lo abrí y encontré dólares americanos, con una suma casi el doble del valor que yo había pagado por el carro tres años antes y con ellos los cantos de adoración y amor que había escrito el caraqueño suicida dedicados a Amanita..``
Me levante a la mañana siguiente y lo primero que note al tratar de salir de la tienda era que estaba con seguro externo. Quien había asegurado el cierre? asumi que habia sido ella. Intente varias veces pero fueron mis esfuerzos infructuosos empecé a mirar a mi alrededor buscando alguna herramienta que me permitiera romper la lona de la carpa pero nada apropiado encontré. Los únicos objetos que estaban en el interior eran unas bolsas de tela y una cantimplora con agua. En una de las bolsas había naranjas y en la otra fresas con dos panes franceses.
Empecé a llamarla, se que estas ahí.
-..puede dejarme salir quiero tomar aire fresco y caminar un poco, ver la luz del amanecer, déjeme salir, exclamaba.
Pero ella no respondía a mis llamados, después de varios minutos comprendí que no había nadie afuera. Decidí buscar como romper la lona, nada era puntiagudo, pero note que un rayo de luz penetraba a través de una esquina, la costura estaba floja, así que con mis dientes la rompí y ella empezó desgarrarse lo suficiente para salir completamente, hice esfuerzos metiendo mi cabeza por el hueco abierto y como pude atravesé mi torso. La carpa se movía dando la impresión que fuera a colapsar, después de un rato pude atravesar el cuerpo y caí en la grama que estaba alrededor. Me levante rápidamente observando a todos lados y extendiendo mis brazos como buscando a quien acirme.
En este momento comprendí que estaba sólo y además perdido. Ella se había esfumado de la misma forma como había llegado. Pense en ese atardecer de mi vida, trate de buscar referencias para ubicarme. Si mi soledad no tenia solución, al menos yo buscaría como salir de este sitio. Lo primero que traje a mi memoria fueron los pasos andados para llegar aquí. Volví rápidamente a la carpa que me había servido de cobertor durante la noche. Me metí para sacar la bolsa de pan, la bolsa de fresas, las naranjas y la cantimplora. Tenia tanta hambre que decidí comerme la naranjas primero. Mirando hacia todos lados mientras engullía de una forma desesperada la fruta, empecé a recorrer cada uno de los puntos cardinales para ubicarme, para buscar referencias, para buscar puntos de encuentro. Al lugar claro donde estaban las dos carpas lo seguía caminos rodeados de espesa vegetación. Había que escoger entre continuar o devolverme desde luego elegí la solución de volver atrás. Me acomode mis botas de fandango, unas botas curiosas que ella me había dado y empecé a caminar de vuelta en una mezcla entre lo conocido y lo desconocido, sabia que si seguía el camino iba a volver al punto de entrada a este lugar y con el al punto de salida.
Devolviéndome por el lugar empecé a notar muchas cosas que antes no había visto tal vez por mis pensamientos embebidos en la idea de ella y del porque había cambiado emergiendo en mi ese sentimiento contradictorio de odio y amor. Empecé a devolverme poco a poco, sabia que era un largo camino andado hasta llegar aquí. Me consolaba saber que estaba descendiendo...miraba a los lados y encontraba todo extrano. Desconocía el lugar pero según mis cálculos debería estar a tres horas a mula de la entrada.
Camine oyendo primero los sonidos de mis pasos en medio de la espesura que eran extraños pues tenia tiempo de no sentirme en medio del abandono. Dejado en un lugar, con arboles, la luz de la mañana que penetraba quejosamente a través de la frondosas ramas de aquellos arboles que se mezclaban con musgos y los helechos rodeando sus pies. Oí los sonidos de aves que sobrevolaban pero no sabia de donde provenían esos otros extraños sonidos que podían ser de animales o del viento. Trataba de identificarlos pero no encontraba ninguna experiencia directa en el pasado. Muchas ramas se atravesaban en el camino como si quisieran comerse de nuevo el sendero hecho por los humanos y yo las apartaba.
Después de una hora de andar llegue a un punto donde tenia que decidir, pues había otro sendero conectado en forma de `Y`. Sabia que mi historia, al menos para mi, era descender. Decidí continuar en el camino que conducía al descenso y empecé a caminar por ese sendero. Las primeras horas en ese camino fueron gratificantes pues estaba esperanzado que me conduciría a la salida pero a medida que fue pasando el tiempo mi ansiedad fue aumentando, empecé a sentir temor pues en el transcurso mas enlaces de rutas fueron apareciendo. Al principio me pareció el paisaje maravilloso, exuberante y encantador pero también surgió ese sentimiento de angustia que se había ido apoderando de mi. De nuevo volví a sentirme atosigado entre esa dualidad emocional... entre el pavor y el asombro del amor.
Siempre había tenido un inmenso respeto hacia la naturaleza pero igualmente de lejanía como si no me tocara. Ahora aquí lanzado misteriosamente por una mujer cuya silueta y encanto me arrastro hasta este lugar donde la volví a recordar y la volví a recordar con angustia. Al principio me detuve a ver eas aves que cruzaban el lugar en los claros del cielo y las nubes que se movían lentamente con la frescura del viento. Mas tarde empecé a sentir el incremento de la humedad y el calor. Sentí que algo extraño me acogía.
Empece de nuevo a subir...en un ascenso lento. Empecé a sentir la fatiga del cuerpo y la angustia de mi mente que combinada eran la desesperación y desaparición de mi ser; la desaparición de mi confianza y la desesperación de lo que podría venir. En voz alta dije "ahora que pasara si no encuentro a nadie o no encuentro la salida" muy pronto mi comida se agotaría y tendría que buscar que comer de la naturaleza sin mediación del mundo humano. Pensé igualmente en la cantimplora que contenía el preciado líquido, la veía como el tesoro mas grande y que generosamente esa alucinante mujer me había dejado. Aunque oía el agua natural correr, me aterraba pensar que tendría que dejar el camino para buscar su corriente.
Estos confusos pensamientos me embebían en una extraña locura, una locura de la cual yo era consciente. Debía calmarme y relajarme lo mas que pudiese. Decidí después de unas horas devolverme para encontrar la primera `Y`` y volver otra vez al camino de descenso inicial. Volví al camino recorrido pero al igual que antes nuevos enlaces aparecían y me hacían dudar de mi ruta, esos nuevos meandros eran como los cabellos de la Medusa que se movían in interminables contornos, caminos que me abrazaban en medio del bosque.
Allí en un lugar me detuve para comer un pedazo de pan y tomar un poco de agua y en este descanso emergió la imagen de Herzog y su Fitzcarraldo. Ese choque entre civilización y naturaleza, esa imagen metafórica que envuelve al hombre con sus sueños e ideas en medio de este mundo natural y que el hombre busca doblegar con sus acciones. Este pensamiento me hizo de nuevo recordarla diciendo que combinaba su pasión desde niña entre la opera y su permanente vida en los bosques y parques naturales. Un fuerte contraste con las ciudades que el hombre ha ido edificando para sentir seguridad, a las cual yo pertenecía. En medio de esta naturaleza pensaba en ella, en ella como Fitzcarraldo y su pasión por la opera y la "misteriosa" naturaleza, queriendo convertirla en audiencia de la creación de Wagner, Mozart, Verdi y que el legendario Carruzo difundió. Irónicamente en esta tragedia no era ella su protagonista sino yo que estaba tratando de enfrentar mi urbanidad en este mundo que ahora me sobrecogía como bosque.
Detuve mis pensamientos y volví otra vez a caminar quería encontrar de nuevo la `Y`` como el punto `G` de mi opresora. Debía estar con mis ojos abiertos para identificar el punto de bifurcación para así alcanzar el lugar de salida. Los sonidos se fueron volviendo mas intensos o mis oídos se fueron agudizando. Empecé a oír muchos ruidos que provenían de todos los rincones, empezó un suave lluvia a caer, esa lluvia empezó a cubrir lentamente la hojarasca, el olor de tierra mojada empezó a impregnarse en mis ropas, debía estar incesantemente alerta a ese encuentro que era el encuentro que me podría llevar de nuevo a mi mundo. El terror no había cesado y las horas que habían pasado me conducian a una crisis de pánico al pensar que haría si la noche llegara y aun me encontrara en medio de este exuberante follaje que no percibí durante la noche dentro de la carpa y que ahora había abandonado para no volverla a habitar. Si al menos encontrara el punto`Y``, me decía a mi mismo, sabia que de ahí solo habría un corto recorrido para salir a la carretera, y de pronto apareció, inesperadamente, el camino de descenso.
No se cuantas horas habían transcurrido, empecé a especular que seria lo mejor en ese momento: si retornar de nuevo a donde estaba la carpa, como lugar temporal de alivio o seguir descendiendo hasta encontrar la salida. Físicamente no estaba preparado para el esfuerzo de subir así que decidí continuar bajando. Caminando vi varios animales, pero fue una serpiente la que me atrajo saliendo de unos matorrales lentamente yo me detuve a observarla. Ella con su cuerpo y sinuoso zigzag, me hizo saber de los peligros que guardaba el lugar. Yo estaba paralizado, los reptiles no me eran familiares, sabia que podrían causar la muerte. Mis latidos empezaron a aumentar, quieto esperaba que ella no se aproximara, lentamente empezó a cruzar el sendero con un ritmo de ondas sinuosas que anuncian la muerte sobre las hojas caídas de los arboles para después desaparecer al otro lado. Mis miedos se calmaron, de nuevo volví a retomar mi camino sin dejar de mirar atrás temiendo que volviera a aparecer la línea curva de la muerte. Seguí descendiendo y fue en ese momento cuando oí el sonido del silbido humano arreando bestias y un juete simultaneo. Era extraña esa combinación del silbido de cariño y la rudeza del cuero sonando salvajemente. En ese momento apareció la mula cargada y detrás de ella un hombre que fumaba tabaco, con voz grave y una tez de muchos anos de trabajo bajo el sol.
-...oiga, gritó. quítese o la mula se lo va llevar por delante con la carga a los lados, carajo!`` yo me abrí del camino, el hombre iba a seguir su marcha cuando yo lo llame.
-...perdón, dije, puede ayudarme estoy perdido.
-...como? quien se puede perderse aquí, exclamó.
-...Yo señor, yo no se donde estoy.
-...Y como llegó aquí señor, preguntó esta vez.
-...Es una larga historia que no tiene caso relatar en este momento, solo quiero que me ayude a salir a la carretera, quiero volver, quiero volver...
-...Le voy a decir una cosa, este es el parque natural Tamá, y nadie puede pasar la noche sin autorización, quien lo autorizó?
-...Perdón no sabia que este era un parque y muchos menos que fuera restringida su estancia. Llegue aquí como le dije, en circunstancias extrañas que no vale la pena repetir.
-...Si usted ha entrado al parque es porque sabia como salir de el. Replicó el arriero.
-...La verdad es que entre en circunstancias extrañas vuelvo y le digo, del cual no tenia conciencia cuando lo hice. Estaba totalmente anonadado por las circunstancias que me envolvían en ese momento que no le puse mucha atención al camino y ahora estoy perdido y necesito volver.
Lo que el dueño del vehiculo no sabia era que jamás había salido del parqueadero y que a la mañana siguiente quien lo había encontrado había sido el celador del claustro académico que extrañado se acercó con sus perros al reconocerlo. Su rostro estaba alterado y hablaba en voz alta narrando su historia una y otra vez.
Hizo silencio y después agregó,
Pero ella jamás regreso al lugar donde la esperaba. Asi que al dia siguiente volvi a subir a donde estaba la carpa y ella a su lado inerte, yacente con un rostro apacible y sus ojos bellos abiertos como si hubiese visto el universo con una sola mirada. En su mano una nota escrita en una caligrafia muy personal que decia "muero sola en medio de la naturaleza, arropada por la verde exuberancia de su vegetacion y el infinito cielo azul". Ahora todos sospechan de mi.
Mucho tiempo mas tarde ubique a esa misteriosa dama que el había mencionado varias veces en su relato. Efectivamente ella le había ofrecido compra por el auto y que el profesor rechazó para conservarlo por tener un valor sentimental. Ella estaba completamente asombrada del relato del cual aseguraba que muy poco de su contenido era cierto. Toda la negociación, dijo ella, se llevó a cabo en el parqueadero de la universidad. También era cierto lo de su padre y su amor por los parques, la opera y el vehículo italiano, aspectos que ella le mencionó durante la negociación, pero, se preguntaba, como pudo saber lo de los poemas de amor y del suicidio del poeta? ella jamás lo mencionó pero fue cierto también.
Pasado un tiempo recibí su llamada por telefeono en un tono inesperado para mi, diciendo
-podría revivir la historia con usted
-no entiendo, respondí
-quiero re andar el relato del profesor, exclamó
-y porque conmigo? tu conoces la historia mejor que yo.
-no seria igual si lo hiciera sola, ella replicó
-no es fácil trasladar las palabras a la realidad, no quiero imaginármela quiero vivirla, ella agregó
-me dejaría pensarlo, yo conteste.
Después de siete días estábamos en el parqueadero a la misma hora pero era ella quien me esperaba en el vehículo del mismo modelo y color del relato mirándome a través de la ventana y muy tal vez pensando en otro cuadro diferente al de Chagall. Todo empezó a trascurrir de la misma forma solo que ahora ella se había vuelto el y yo ella. Hice el mismo recorrido trazado desde el parqueadero hasta el autocine, donde seguimos una relación amorosa igual desde el beso inicial hasta la profundidad del sexo en el vehículo. Pasamos por la alcabala hasta arribar al poblado cultivador de fresas, ascendimos la escarpada trocha humedecida igualmente con los aguaceros intermitentes, armamos la carpa y ella entro, pero antes de asegurarla le pregunte: te quieres quedar aqui sola? la carpa no tiene consturas para desgarrar, al cerrarla no podras salir!
Ella no prestó atención a mis palabras,
Ella no prestó atención a mis palabras,
-como pudo un profesor imaginarse mi pasión?
para que crear una travesía en los caminos que surcan el bosque para hablar de amor? Como imaginarse el amor sin amor? porque pensar en el ser amado como una terrible amenaza?
Hizo silencio y después agregó,
-Espero verlo mañana en la casa del cultivador de fresas para terminar esta obsesión que no me ha dejado dormir desde que oí el relato contado por el profesor.
-claro que si, yo le respondí.
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