Relato de Sergio Losano y Relato de Sergio Stepansky
Relato de Sergio Losano
Satos |
Relato de Sergio Stepansky
León De Greiff |
Nací en casa de esquina solanera
con uvas miradas y patio de mujeres azoradas.
No quise mas que vivir
desde la cumbre helada de cofradías sociales hasta la calle imputa donde terminé atrapado por el hígado de mis andares, yaciendo en una cama publica del Sisbén y con mi relato odalino.
Mi vida tambien yo la jugue,
pensamientos, y deberes de una sociedad los cambie por mis deseos y mi locura. Ancle en mi ciudad, pues supe de antemano que en cualquier lugar habría la misma vanidad del narciso gentil que bebe las aguas que lo ahogan. Yo me quede con la Nada, todo lo aposte y así igualmente todo lo perdi como tenia que ser.
Los cambié sin cuentas ni abalorios pues los disolví con la marihuana de mis primeros años cuando en un segundo piso ocupado por trillantes mentes me enseñaron otro mundo mucho mas acá en donde los cuerpos se dejan caer por el mero arcano goce
y placer. Allí vi nacer mi realidad mística de pasiones, no del medioevo sino del moderno a las cuales volví tantas veces como el mundo me lo permitió. En ese segundo piso me la jugué al todo o a la nada y volví al primero con mi alma agraviada. Allí cambie mi herencia y mi apellido pues solo tuve uno para vivir! con el reí y navegue en este mundo vaciado en una placa de concreto que flota en el cielo y que solo esquivan aquellos que se la juegan en un abismo con talentos de ajedrez.
Me nombraron Sergio sin saber que era el preludio de una vida ya cantada por un poeta único abordo en su nao fantasma.
Mi nacimiento ocurrió cuando miles habían muerto bien sea en las grandes guerras voraces del siglo pasado que azotaron a una tal Europa o en la sangrienta matanza que había manchado y manchaba los campos de mi país según otros relatos. Esas otras muertes que vinieron después no me importaron, pues quien se la juega ya salva su honor si es que tiene un sentido hablar de el, pues a mi me daba igual.
Confieso que también quise caricias y sublimes miradas pero todas fueron vanas pues mi enigma ya eran mis ancias.
Había nacido para entrar al laberinto y no salir nunca mas. Unos atrevidos teseos vinieron a mi desde la academia militar a arrastrarme desde los socavones a las praderas y al mar placebo pero me les escape y retorne a mi guarida minotaura. Si de algo vale decir de mi vida, confieso que nunca mate a nadie no por cobardía pues cuando se esta en la oscuridad nunca se ven los ojos de quien asesinas. No lo hice pues ninguna de las razones usadas eran razones suficientes, porque al final duele una muerte o una masacre así vengan con estandartes de iglesia, aristocracia o escudos nacionales. Nací en esta nación del sur en la esquina donde se unen dos mares pero mi afección nunca fue constitucional sino simplemente de lugar, un lugar tan bello! que aun el horror no lo ha podido destrozar. Tampoco ninguna ideología, doctrina noble o no me encendió la llama social pues aquel que lo cambia todo por baratijas o sublimes canticos o atardeceres estelares siempre sospecha de todo y de todos, pues vi desde mi oscuro callejón la traición y el engaño que los otros cometían amparados por falsos argumentos e hipócritas miradas. Entre mis amigos hubo frailes, coroneles, abogados, vendedores de calle y saltimbanquis de circo, putas y señoras encopetadas pero ninguna como mi soledad. Desfloré bellos pétalos que se me brindaron como hogueras ardientes en mis noches frías. Nunca les pregunte su nombre ni mucho menos su hidalguía únicamente les oí un gemido igual al mío sin importarme si eran mulatas o castas, o descendientes de la España o Turquía. Cuando se esta en la cama la piel es la misma.
Puedo decir que también fui sofisticado
por el mero placer de serlo. Oí a Charles Aznavour y Edith Piaf con mi amigo de apellido alemán que montado en un potro mecánico llamado "mustang" con suficientes caballos de fuerza para avanzar 150 kilómetros por hora y ebrios hasta la ultima neurona desafiamos los desfiladeros de Peñas Blancas y la vía al Zulia, y no la jugamos al todo o a la nada. Cambie los sombreros de comienzo de siglo y los linos blancos por pantalones de bota campana y camisas de cuellos alados psicodélicas. No aposte al Rock&Roll pues me aturdía el grito cantado, pero si al LSD, la cocaína y al amor libre, no preferí la locura de la muchedumbre a la soledad del filosofo. Todo lo cambie a media noche cuando todos dormían mis pensamientos coetaneos por la lejana comida americana de un Crean Helado con dinero negro y sabor a vainilla de ese liquido de contrabando o lo robado a mi madre a quien traicione una y mil veces, pues me confundía ese amor irresoluto y sin limites. Cambie ese infinito por la euforia de mis manos por tocar lo deseado. Un día tome la Gitana de mármol llegada de Italia y la vendí en el mercado oscuro de la sexta. Todo me lo robe hasta la felicidad para poder ser feliz. Venere tanto a la estatua de San Clemente como al billete de cien y mi Toyota bravo con el cual me lanzaba por los andurriales en busca de mujeres cubiertas con atuendos no a la altura de su belleza cuyas manos cansadas no aminoraban su cuerpo febril. No deje descendientes y si los hubo jamás fue mi intensión de traerlos a este mundo con losas de concreto flotando que en algun momento se desprenden del cielo. Yo hice globos como los niños hacen burbujas con jabón, para quemarlos en la navidad. Eran globos enormes que se alzaban con mis deseos que en algunos momentos quisieron ser puros porque mi vida también eran esos crepúsculos que querían ser como estrellas. Pero eso también lo cambie por días adormilados, mañanas largas donde mis entrañas se retorcían en dolor y mi cabeza se llenaba de presión como si quisiera explotar, todo lo quería cambiar por la melodía de Bach o por la tierna sonrisa de una mujer enamorada que me acariciara con la suavidad de la mano sin la cuchilla de afeitar. Todo me lo jugué sabiendo que todo lo tenia perdido y esa fue mi única verdad.
Ahora en esta cama de moribundo confío mi relato al negociador Segismundo o al Polifemo escribano llamado Satos por no se que arcano mandato de mi resoluto final.
Todo me lo jugué sabiendo que todo lo tenia perdido y esa fue mi única verdad.
San Jose de Cucuta,
Junio 11, 2017-Julio 2, 2017
|
¡Juego mi vida! ¡Bien poco valía! ¡La llevo perdida sin remedio!
Erik Fjordsson.
Juego mi vida, cambio mi vida, De todos modos La llevo perdida...
Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo, la dono en usufructo, o la regalo...
La juego contra uno o contra todos, la juego contra el cero o contra el infinito, la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito, en una encrucijada, en una barricada, en un motín; la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin, a todo lo ancho y a todo lo hondo —en la periferia, en el medio, y en el sub-fondo...—
Juego mi vida, cambio mi vida, la llevo perdida sin remedio.
Y la juego, o la cambio por el más infantil espejismo, la dono en usufructo, o la regalo...: o la trueco por una sonrisa y cuatro besos: todo, todo me da lo mismo: lo eximio y lo rüin, lo trivial, lo perfecto, lo malo...
Todo, todo me da lo mismo: todo me cabe en el diminuto, hórrido abismo donde se anudan serpentinos mis sesos.
Cambio mi vida por lámparas viejas o por los dados con los que se jugó la túnica inconsútil: —por lo más anodino, por lo más obvio, por lo más fútil: por los colgajos que se guinda en las orejas la simiesca mulata, la terracota nubia; la pálida morena, la amarilla oriental, o la hiperbórea rubia: cambio mi vida por una anilla de hojalata o por la espada de Sigmundo, o por el mundo que tenía en los dedos Carlomagno: —para echar a rodar la bola...
Cambio mi vida por la cándida aureola del idiota o del santo; la cambio por el collar que le pintaron al gordo Capeto; o por la ducha rígida que llovió en la nuca a Carlos de Inglaterra; la cambio por un romance, la cambio por un soneto;
por once gatos de Angora, por una copla, por una saeta, por un cantar; por una baraja incompleta; por una faca, por una pipa, por una sambuca...
o por esa muñeca que llora como cualquier poeta.
Cambio mi vida —al fiado— por una fábrica de crepúsculos (con arreboles); por un gorila de Borneo; por dos panteras de Sumatra; por las perlas que se bebió la cetrina Cleopatra— o por su naricilla que está en algún Museo; cambio mi vida por lámparas viejas, o por la escala de Jacob, o por su plato de lentejas...
¡ o por dos huequecillos minúsculos —en las sienes— por donde se me fugue, en grises podres, la hartura, todo el fastidio, todo el horror que almaceno en mis odres...!
Juego mi vida, cambio mi vida. De todos modos la llevo perdida...
Netupiromba,
Septiembre 17, 1931-finida diciembre 4, 1931
|
Comentarios
Publicar un comentario