La Noción de Muerte en Heidegger
La Noción de Muerte en Heidegger
SATOS 2018
Martin Heidegger (1) proclamó que nuestra muerte es nuestra única y más alta posibilidad, la cual nos hace individuos." ¿Esta razón es porque ninguno puede tomar nuestro lugar y morir por nosotros? ¿Si es esto verdad que ninguno puede tomar nuestro lugar y morir por nosotros entonces es algo único morir? Shelly Kagan reflexiona respondiendo a esta pregunta en su curso sobre La Muerte dado en la Universidad de Yale como curso abierto y que en este articulo intento contraargumentar.
Imagen de Designboom de la obra de arte de Jody Xiong
El profesor empieza argumentando que ha habido ocasiones narradas por novelistas como en la novela de "La Historia de dos Ciudades" de Charles Dickens, donde el ser amado es condenado a morir en la guillotina durante los sucesos de la revolución francesa y el héroe decide tomar su lugar y morir por él. Claro esto es posible porque se trata de una novela, pero también ha habido casos de la realidad como durante la Guerra civil de Secesión en Estados Unidos donde se usó pagar a otros para que fueran al campo de batalla y murieran por ellos. En estos casos argumenta el Prof. Kagan realmente no están muriendo por otros porque en realidad están muriendo ellos mismos en la guillotina o en la batalla; este sacrificio no exonera de la muerte a los otros dice Heidegger, Pg.240. Miles de jóvenes han muerto en la guerra por sus tribus, naciones o imperios, pero aquellos por los cuales ellos tomaron sus lugares al final tuvieron que vivir su propia muerte.
Hasta el momento pareciera una verdad fundamental, continua Kagan, pero que pasa si nosotros decimos que únicamente yo puedo vivir la experiencia de peluquearme, pues nadie puede tomar mi lugar. Así mismo ocurre con las de más cosas de la vida como comer, caminar, estudiar, etc. ningún otro puede tomar mi lugar y hacerlas por mí. Solo yo, soy el único que podría vivirlas y no otro. Por lo tanto, concluye el Prof. Kagan que esta afirmación de Heidegger es una afirmación trivial, y simplista que no requiere ninguna argumentación, tan trivial como decir que los niños lloran si nos les damos el dulce que piden, tan trivial como que todos los hombres hablan al menos una lengua. Quien necesita tiempo para debatir estas verdades de perogrullo?
Pero, ¿Es esta una verdad de Perogrullo? Si la tomamos desde la perspectiva del Prof. Kagan no hay duda que estamos ante una verdad por sí misma, es decir no aporta ningún conocimiento acerca de la muerte que tenemos que enfrentar todos como individuos en el mundo. Pero qué pasa si argumentamos desde una perspectiva ontológica, es decir de mi "ser" como "ser en el mundo" y al cual quiero acceder e identificar no como objeto de conocimiento sino como experiencia única e incomparable con otros seres en el mundo. Volvamos a los argumentos de la vida. Si nadie puede ocupar mi lugar para peluquearme, ni mucho menos contar o expresar que yo siento cuando me peluquean, o mi placer al tomar la sopa de espárragos que tanto me gusta, o cuando camino por las veredas de un parque cercano, o cuando navego en el aire en aeroplanos, etc. todas estas experiencias son únicas de mi ser y no otro ser puede vivirlas por mí. Pero mi muerte, es la mas alta y única experiencia que yo no puedo relatar a otro o ser consciente de ella en el momento que se efectúa. Yo puedo oír sobre los placeres que otros disfrutan cuando toman sopa de espárragos, pero ello es una tenue aproximación a mí experiencia. Pero con la muerte ni siquiera tengo acceso a esa tenue aproximación porque nadie puede relatar su propia muerte.
Para mí, en la profundidad de esta afirmación de Heidegger se encuentra la apertura de un hecho que ha predominado en la tradición Judeo-cristiana. En estas sociedades patriarcales con una hegemonía que proviene de la de autoridad suprema emerge también un acto de compasión y de amor de dios que permite que un patriarca como Moisés asuma el lugar de los otros para comunicarse con él y que sus mandatos sean transferidos por el a los miembros de su comunidad elegida, la experiencia divina es solo de Moisés y ajena a los demás. En el cristianismo dios va mucho más allá, él envía a su hijo para que tome el lugar de los hombres y muera por ellos para así aliviar la tragedia de cada individuo por el mero hecho de nacer hombre. Cuando estos credos llegan a los niveles altos del poder político en sociedades complejas, la representatividad se extiende y ya no solo toman el lugar de los otros, sino que además se vuelven los otros mismos, así Luis XIV puede proclamar "yo soy el estado" y muchos dictadores pueden hacer lo mismo proclamándose como tales unidades sintéticas de una sociedad.
Esta concepción del ocupar el lugar del otro, que es una de las múltiples maneras de ser en el mundo, como dice Heidegger (Pg. 240) llega a todos los rincones de la vida del individuo. Por ejemplo, lideres, políticos, abogados, corredores de bolsa, embajadores, representan a sus clientes y representan a mayorías que como individuos pierden su unicidad e identidad como seres en el mundo y se convierten en colectivos electorales, en grupos de consumidores, en estratos demográficos o en segmentos psicográficos, etc. En el mundo laboral también la segmentación de los trabajadores conviene a la división del trabajo pues permite que ellos hagan el trabajo por otros quienes al final del proceso reciben la mayor parte de su valor de cambio. Esta uniformización de los individuos acarrea dolorosas consecuencias en la vida diaria pues hay una pérdida de sentido y un abandono del individuo al segmento al cual lo han arrojado y ahí supuestamente o eventualmente el individuo encuentra un extrano acomodo.
Para concluir, aquello que parecía una afirmación trivial se ha convertido para la sociedad moderna en un principio fundamental en el funcionamiento de los estados y de la economía de capitales en un mundo globalizado. Para Heidegger no es extraño la racionalización de los individuos y la pérdida o ausencia de "ser" de ese ser que es "ser en el mundo" que somos cada uno y que ha dejado de pensar por proseguir una lógica del calcular, planear y administrar. El lugar en el mundo de los individuos ha sido ocupado por otros, pero muy a pesar de ello Heidegger piensa que el ser del individuo puede restituirse a partir de lo que ningún otro puede ocupar, y es el momento en que su ser como posibilidad llega a su totalidad, es decir a su muerte. La muerte restablece lo que el mismo individuo no puede experimentar ni narrar a otros. Es el acto más profundo de nuestra única posesión y que nadie puede ocupar sino nosotros mismos. Es así que pensar en nuestra muerte nos aproxima a nuestro verdadero y autentico ser. Ello nos retrotrae de nuevo a la vida como seres únicos e irremplazables, nos hace más cercanos a lo inmediato a lo próximo, a nuestras posibilidades. Por lo tanto, considerar la afirmación Heideggeriana como trivial porque no aporta conocimiento cuando en realidad nos pone ante nosotros la evidencia de una realidad autentica de nuestro ser en el mundo y que ningún otro puede usurpar.
El profesor empieza argumentando que ha habido ocasiones narradas por novelistas como en la novela de "La Historia de dos Ciudades" de Charles Dickens, donde el ser amado es condenado a morir en la guillotina durante los sucesos de la revolución francesa y el héroe decide tomar su lugar y morir por él. Claro esto es posible porque se trata de una novela, pero también ha habido casos de la realidad como durante la Guerra civil de Secesión en Estados Unidos donde se usó pagar a otros para que fueran al campo de batalla y murieran por ellos. En estos casos argumenta el Prof. Kagan realmente no están muriendo por otros porque en realidad están muriendo ellos mismos en la guillotina o en la batalla; este sacrificio no exonera de la muerte a los otros dice Heidegger, Pg.240. Miles de jóvenes han muerto en la guerra por sus tribus, naciones o imperios, pero aquellos por los cuales ellos tomaron sus lugares al final tuvieron que vivir su propia muerte.
Hasta el momento pareciera una verdad fundamental, continua Kagan, pero que pasa si nosotros decimos que únicamente yo puedo vivir la experiencia de peluquearme, pues nadie puede tomar mi lugar. Así mismo ocurre con las de más cosas de la vida como comer, caminar, estudiar, etc. ningún otro puede tomar mi lugar y hacerlas por mí. Solo yo, soy el único que podría vivirlas y no otro. Por lo tanto, concluye el Prof. Kagan que esta afirmación de Heidegger es una afirmación trivial, y simplista que no requiere ninguna argumentación, tan trivial como decir que los niños lloran si nos les damos el dulce que piden, tan trivial como que todos los hombres hablan al menos una lengua. Quien necesita tiempo para debatir estas verdades de perogrullo?
Pero, ¿Es esta una verdad de Perogrullo? Si la tomamos desde la perspectiva del Prof. Kagan no hay duda que estamos ante una verdad por sí misma, es decir no aporta ningún conocimiento acerca de la muerte que tenemos que enfrentar todos como individuos en el mundo. Pero qué pasa si argumentamos desde una perspectiva ontológica, es decir de mi "ser" como "ser en el mundo" y al cual quiero acceder e identificar no como objeto de conocimiento sino como experiencia única e incomparable con otros seres en el mundo. Volvamos a los argumentos de la vida. Si nadie puede ocupar mi lugar para peluquearme, ni mucho menos contar o expresar que yo siento cuando me peluquean, o mi placer al tomar la sopa de espárragos que tanto me gusta, o cuando camino por las veredas de un parque cercano, o cuando navego en el aire en aeroplanos, etc. todas estas experiencias son únicas de mi ser y no otro ser puede vivirlas por mí. Pero mi muerte, es la mas alta y única experiencia que yo no puedo relatar a otro o ser consciente de ella en el momento que se efectúa. Yo puedo oír sobre los placeres que otros disfrutan cuando toman sopa de espárragos, pero ello es una tenue aproximación a mí experiencia. Pero con la muerte ni siquiera tengo acceso a esa tenue aproximación porque nadie puede relatar su propia muerte.
Para mí, en la profundidad de esta afirmación de Heidegger se encuentra la apertura de un hecho que ha predominado en la tradición Judeo-cristiana. En estas sociedades patriarcales con una hegemonía que proviene de la de autoridad suprema emerge también un acto de compasión y de amor de dios que permite que un patriarca como Moisés asuma el lugar de los otros para comunicarse con él y que sus mandatos sean transferidos por el a los miembros de su comunidad elegida, la experiencia divina es solo de Moisés y ajena a los demás. En el cristianismo dios va mucho más allá, él envía a su hijo para que tome el lugar de los hombres y muera por ellos para así aliviar la tragedia de cada individuo por el mero hecho de nacer hombre. Cuando estos credos llegan a los niveles altos del poder político en sociedades complejas, la representatividad se extiende y ya no solo toman el lugar de los otros, sino que además se vuelven los otros mismos, así Luis XIV puede proclamar "yo soy el estado" y muchos dictadores pueden hacer lo mismo proclamándose como tales unidades sintéticas de una sociedad.
Esta concepción del ocupar el lugar del otro, que es una de las múltiples maneras de ser en el mundo, como dice Heidegger (Pg. 240) llega a todos los rincones de la vida del individuo. Por ejemplo, lideres, políticos, abogados, corredores de bolsa, embajadores, representan a sus clientes y representan a mayorías que como individuos pierden su unicidad e identidad como seres en el mundo y se convierten en colectivos electorales, en grupos de consumidores, en estratos demográficos o en segmentos psicográficos, etc. En el mundo laboral también la segmentación de los trabajadores conviene a la división del trabajo pues permite que ellos hagan el trabajo por otros quienes al final del proceso reciben la mayor parte de su valor de cambio. Esta uniformización de los individuos acarrea dolorosas consecuencias en la vida diaria pues hay una pérdida de sentido y un abandono del individuo al segmento al cual lo han arrojado y ahí supuestamente o eventualmente el individuo encuentra un extrano acomodo.
Para concluir, aquello que parecía una afirmación trivial se ha convertido para la sociedad moderna en un principio fundamental en el funcionamiento de los estados y de la economía de capitales en un mundo globalizado. Para Heidegger no es extraño la racionalización de los individuos y la pérdida o ausencia de "ser" de ese ser que es "ser en el mundo" que somos cada uno y que ha dejado de pensar por proseguir una lógica del calcular, planear y administrar. El lugar en el mundo de los individuos ha sido ocupado por otros, pero muy a pesar de ello Heidegger piensa que el ser del individuo puede restituirse a partir de lo que ningún otro puede ocupar, y es el momento en que su ser como posibilidad llega a su totalidad, es decir a su muerte. La muerte restablece lo que el mismo individuo no puede experimentar ni narrar a otros. Es el acto más profundo de nuestra única posesión y que nadie puede ocupar sino nosotros mismos. Es así que pensar en nuestra muerte nos aproxima a nuestro verdadero y autentico ser. Ello nos retrotrae de nuevo a la vida como seres únicos e irremplazables, nos hace más cercanos a lo inmediato a lo próximo, a nuestras posibilidades. Por lo tanto, considerar la afirmación Heideggeriana como trivial porque no aporta conocimiento cuando en realidad nos pone ante nosotros la evidencia de una realidad autentica de nuestro ser en el mundo y que ningún otro puede usurpar.
(1) Heidegger, Martin. Being and Time
http://www.naturalthinker.net/trl/texts/Heidegger,Martin/Heidegger,%20Martin%20-
%20Being%20and%20Time/Being%20and%20Time.pdf
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