La Fiesta (notas de Vida)

La Fiesta, El Carnaval y la Guerra


Por: SATOS


Para quien haya tenido la suerte de caminar por la primera planta del claustro Denon en el museo de Louvre, entre las galerías de las pinturas italianas s. XVI- XVII y pinturas francesas del s. XIX se encontrara con una extraordinaria experiencia en una sala que fue dispuesta para exhibir dos obras maestras de la pintura italiana: La Gioconda o Mona Lisa de Leonardo da Vinci y Las Bodas de Canaan de Veronés. Que se haya dispuesta una sala para estas dos obras no fue lo que me llamo la atención, fue el contraste entre las dos y sus observadores. Mientras una mide 77cms * 53cms y es portátil tiene una concurrencia permanente de multitudes mientras que la obra de Paolo Veronés que mide 6.8 m * 9.9 m. solo cuenta con aislados y curiosos observadores que no han podido llegar cerca a la Gioconda, en el lado opuesto, por estar todo el tiempo rodeada de curiosos para tomarse una foto. 

La obra del Veronés es acerca de una fiestauna celebración con el motivo de un matrimonio emulando el relato bíblico. La segunda es el torso de una mujer con un formato muy intimo y anónimo. La obra del Veronés es un "feliz encuentro" de lo mas selecto  de la sociedad veneciana, personajes con identidad definida que viven en la época reunidos para celebrar con un despliegue de detalles para el escenario de la fiesta, con instrumentos musicales, tinajas de agua y vino, vajillas, manteles con encajes, vestidos, trajes elegantes y suntuosos con servidumbre y curiosos. 

La fiesta es un encuentro de personas concretas que se citan para celebrar, para compartir, para disfrutar el estar todos y cada uno dentro de una convivencia fraternal. Porque la fiesta es incluyente, deja actuar, envuelve a los participantes quienes pasan de su individualidad marginal a una acción que desemboca en concurrencia, que se autoalimenta desde si misma y desde cada uno de los participantes quienes al disfrutar individualmente transfieren a la fiesta la alegría, una alegría que muchas veces es tan contagiosa que parece no tener fin. No hay nada mejor que ir a una fiesta con invitados alegres y creativos que brindan a todos el entusiasmo para participar, con música, danzarisas y actos participativos en beneficio de todos. La fiesta es el despliegue de lo que realmente somos, seres hechos de emociones y talentos para deleitarnos e ir mas allá de nuestra unicidad. 

La fiesta por excelencia es el Carnaval pues se despliega a cielo abierto y no hay "cover" ni etiqueta para estar en ella, es simplemente el querer ir y estar, no tiene restricciones de edad, sexo, color, religión o credo político. Es el momento de lo mas humano es decir en donde todo puede ocurrir, lo inesperado, la carcajada que brota desde adentro entre la burla y lo serio cuando algo no se ajusta a ella. 

Pero una fiesta también puede desembocar en catástrofe y dolor, si el sentido fraternal de la convivencia es roto por la obsesión individual o de elites que buscan excluir, que se niegan a seguir concurrencias, sinergias en un felicidad intersubjetiva que se busca intensamente en la festividad. Porque la guerra también es una fiesta pero de horror. Donde posiblemente algunos gocen de ese dolor pero que la mayoría rechaza. En la fiesta no hay otro fin que pasarla bien entre todos, en la guerra hay fines intencionales mas allá de la batalla. Los dos polos opuestos en la fiesta son el Carnaval y la guerra donde esta también presente la conquista, la conquista de la pasión; pero en el carnaval los cuerpos se abrazan, se atraen, se unen para hablar, bailar, reír o llorar cuando se acerca el final. En la guerra los cuerpos son destrozados. En el carnaval los cuerpos se encuentran, en la guerra los cuerpos se enfrentan para la derrota o la victoria. 

El carnaval como fiesta entre fiestas es un acto que brinda ecuanimidad y tolerancia, introduce la vagancia como tiempo precioso, que no se agota en un día y que se prepara durante todo un año, que se identifica a través de sus personajes y de los que forman parte para darle ese colorido único que es similar pero nunca igual cada vez que se prende y se goza. La guerra por el contrario se ha vuelto cada vez mas sutil y anónima, ya los cuerpos no se enfrentan en feroz lucha, lo  objetivos son planeados a distancia a miles de kilómetros de donde los misiles destruyen la vida y las cosas. Cuando estamos en la guerra no sabemos a quienes matamos o quienes nos matan. En la fiesta de Carnaval las doncellas vírgenes o putas, varones o no se reconocen entre si y danzan al unísono

Propongo profundamente que hagamos fiestas para pensar y decir. Pero la fiesta hay que llevarla al furor del carnaval para que hayan mas y mas involucrados y que brinden mas y mas alegría, para que no se apague, para que se extienda a los días de preparación, para que la fiesta sea preparación y acción durante todo el ano, para que cada instante sea reflexión y practica, que nos brinde serenidad ante los objetos e instituciones que nos demandan la cordura de lo mismo o lo programado. Hay que hacer fiestas no para olvidarnos de la realidad sino para encontrarnos y alcanzarnos mas entre si y nuestro entorno. Hay que alejarnos de la fiesta como reunión o reuniones secretas pues esas siempre conducen a abusos y conflictos aun mayores de los que tratan de resolver pues son intencionales y basados en fines instrumentales. El relato de la Constitución de Colombia del 4 de Julio de 1991 fue una fiesta que lamentablemente nunca llego a carnaval pues todo el tiempo se gasto en preparación y que por años se ha venido aguando. 

Las fiesta  de Canaán de Veronés cumple su circulo cuando el pintor se incluye en ella, pues la fiesta es para todos y el no quiere excluirse pues ese el sentido de ella, el goce de su contagio en la concurrencia, el toma el instrumento musical y no solo el pinsel para brindar alegria. Solo resta saber si algún día la gente de Colombia como el publico que asiste al museo de Louvre sienta la atracción que sintió el pintor cuando se introdujo en ella.  







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